Recientemente, hemos incorporado una actividad que está despertando emociones, conversaciones y muchas sonrisas: las experiencias inmersivas con realidad virtual.

Estas actividades, además de entretener, tienen un valor terapéutico muy importante: fomentan la reminiscencia. Gracias a estos viajes digitales, nuestras residentes pueden volver a pisar lugares que han formado parte de su vida: aquellos veranos en Cadaqués, un paseo por la Torre Eiffel o una cascada de un pueblecito de Huesca.

Este contacto con recuerdos del pasado ayuda a fortalecer la memoria, a estimular conversaciones y a generar un bienestar emocional profundo. Pero no todo son recuerdos: la realidad virtual también nos abre ventanas a lugares que nunca habríamos imaginado visitar. Algunos de nuestros residentes, que nunca han sabido nadar, se han encontrado de repente sumergidos en las aguas turquesas de Malasia, rodeadas de peces tropicales, corales brillantes, mantas rayas, tortugas marinas y tiburones. Otros se han visto bailando entre bambalinas como auténticas estrellas del ballet, participando en una representación del Cascanueces. A través de estas gafas mágicas, podemos pasear por los pasillos de los museos más prestigiosos del mundo, contemplar obras de arte sin colas ni prisas, o adentrarnos en bosques, desiertos y montañas, sintiendo la naturaleza de bien cerca, aunque sea con la mente.

En la residencia, estos viajes son una ventana abierta en un infinito mundo de experiencias.