A finales de verano nos pusimos manos a la obra y, con la ayuda y colaboración de nuestros usuarios, plantamos lechugas, coles de Bruselas y perejil en nuestro huerto. Aquel día, entre risas, manos llenas de tierra y muchas ganas de hacer crecer vida, empezamos un pequeño proyecto que hoy nos llena de orgullo.

Ahora, con el paso de las semanas, podemos decir que la dedicación, la paciencia y, sobre todo, el amor con el que se han cuidado estas plantas han dado su fruto: ¡nuestro huerto luce lleno de verdor y vitalidad!

Este tipo de actividades no solo nos permiten disfrutar del aire libre y del contacto con la naturaleza, sino que también potencian valores como la responsabilidad, la cooperación, la constancia y el trabajo en equipo.